Antonio Muñoz Molina: "Los decentes que miran hacia otro lado agravan el desastre"
El próximo martes 25 aparece la nueva novela de Antonio Muñoz Molina, Como la sombra que se va
(Seix Barral), centrada en la muerte de Martin Luther King y en la vida
de su asesino, James Earl Ray. Memphis, Lisboa e internet han sido
determinantes en su escritura, aunque no tanto como su propia vida. El
escritor nunca había tenido tan claro el peso de lo concreto y lo
literario que resulta lo real. De todo esto hablamos con esa tranquila
lucidez tan suya.
Dice
Antonio Muñoz Molina (Úbeda, 1956) que como él no escribe en el desierto
ni dentro de un frigorífico, sino “en medio de la vida”, la vida le va
comiendo el terreno como una bacteria en el proceso narrativo y se va
imponiendo cada vez más en sus novelas. La que ahora publica, Como la sombra que se va,
está totalmente contagiada del virus de vida de Muñoz Molina. Es la
historia de un asesinato, el de Martin Luther King, y la de su asesino,
James Earl Ray, pero para ello ha necesitado una inmersión bíblica con
todas las de la ley (también la hubo en El jinete polaco), un viaje a Memphis y otro a Lisboa; horas y horas de internet y, ya digo, vida propia a raudales.
La ventaja de ser dueño de una biografía literaria tan extensa y copiosa
ya como la de Muñoz Molina -30 años, 25 libros- y de tener la
actualidad marcada con su frecuente presencia en la prensa es que no es
necesario explicar el tono monocorde y el sentido común que imprime el
escritor a todo lo que dice, la sencillez y claridad con las que habla,
su tranquila lucidez. Pero sí conviene aclarar que viene de pasar un año
eufórico, que ha vivido en la novela con tal intensidad, y ha
sido tanta la autosuficiencia que le ha proporcionado esta vez su
vocación de escritor, que ahí se las den todas. Porque esa especie de epifanía, de salvajismo total y la alegría inmensa que sintió, todavía colean.
- ¿Cuándo y por qué empezó a intuir que la vida de Luther King y, más
propiamente, la de su asesino serían la sustancia de su nueva novela?
- Siempre me ha fascinado el movimiento de los derechos civiles de
Estados Unidos porque tienen mucho que ver con mis propias convicciones
políticas, con mi idea de cómo cambiar el mundo y todo eso. Pero hace
unos cinco años, leyendo un libro sobre el asesinato de Luther King , me topé de pronto con un pasaje en el que el autor cuenta que Ray, el asesino, había estado diez días en Lisboa. Me
sorprendió mucho, me conmocionó esa conexión extraña con Lisboa, y
escribí un artículo sobre eso, sobre de dónde proceden los libros,
porque desde el principio pensé que ahí había un buen cuento.
Pero pasó el tiempo y pasaron muchas cosas, entre otras, la concesión
del premio Príncipe de Asturias. Y viajó a Lisboa, a pasar con un hijo
suyo el día de su cumpleaños. “Hay que ver, 26 años ya, y ví de pronto
el arco de la vida, y no solo de la vida, ví el arco de la propia
creación literaria, porque hacía 26 años que yo escribí El invierno en Lisboa,
la novela que me cambió la vida. Y el círculo empezó a cerrarse,
comenzaron a cruzarse las ideas, y vi claro que tenía que empezar a
escribir Como la sombra que se va. Porque las novelas casi nunca salen de una sola idea. Siempre hay una especie de conjunción de señales que se cruzan.
No compadezco a Earl Ray. Lo único que tenía en la vida es que se sentía por encima de los negros"
Hay un capítulo en la novela, el penúltimo, que el escritor no tenía
previsto hasta que no fue a Memphis. Un capítulo -cuenta ahora- escrito
desde el punto de vista de MLK y para sumergirse en lo posible en su
conciencia, aparte de escuchar sus discursos, Muñoz Molina volvió con
mucho detenimiento a la Biblia. “El mundo de Luther King es inseparable
de la Biblia.
Los derechos civiles están empapados del lenguaje
bíblico, de metáforas bíblicas y las cosas están vistas a través del
filtro narrativo de la Biblia. El último discurso, días antes
del asesinato, habla del sermón de la montaña y lo que hace en realidad
es citar el Deuteronomio, cuando Dios le habla a Moisés de la tierra
prometida, que nunca llega a conocer. En fin, yo intuía que tenía que
encontrar un título que saliera de la Biblia, y leyendo los Salmos, que
son una cosa tremenda, me topé con este: “Mis días son como la sombra
que se va y como la hierba que se ha secado”. Y supe que ya lo tenía.
Con simpatía pero con falta de interés. Así cree el escritor que hemos visto siempre aquí la figura de MLK. “Es comprensible.
Cuando vives en una sociedad que no está marcada por el conflicto racial, es muy difícil entenderlo. Aquí
no sabemos lo que es. La parte fascinante es ver cómo, utilizando la
ley y por medios pacíficos, más aún, con una no violencia activa, de
pronto la gente tiene un gesto de dignidad y decide que se va a rebelar,
y además lo hace en una condiciones terribles. Fue extraordinario ver
cómo a mediados de los 50 el gobierno Federal estadounidense se impuso e
hizo cumplir la ley. Porque lo decía la ley y ellos estaban allí para
hacerla cumplir”.
El pecado original del racismo
Después de leer
Como la sombra que se va, lo sabemos casi todo
del asesino Ray. Sabemos que olía a desodorante y a brillantina, que
dormía mucho, que leía todos los días dos periódicos y el semanario
Newsweek,
además de muchos libros; que era olvidadizo, que escribió más de 400
cartas desde la cárcel, que se conservan en el archivo de la Boston
University; que escribió mientras estaba preso dos autobiografías...
Tal convivencia con el asesino le ha provocado al escritor el deseo de saber más, incluso qué pensaba, qué soñaba.
- ¿Cómo ha ido cambiando su percepción? ¿Ha llegado a comprenderlo, a perdonarlo?
- No. No. Hombre, hay que hacer el esfuerzo de ver a la gente en sus
propios términos y gracias a la inmensa documentación sabemos que fue un
personaje con una vida espantosa desde que nació. Se dice que
comprenderlo todo es perdonarlo todo. Pero no.
Creo que no le compadezco. Porque tenía ese terrible pecado original del racismo, que a mí me parece terrible.
Ray pertenecía a esa clase tremenda que los americanos llaman “white
trash”. Son esas gentes pobres de raza blanca que lo único que tenían en
la vida es que estaban por encima de los negros.
Lo literario que es lo real
Como la sombra que se va le ha servido además al narrador para
reflexionar sobre la naturaleza de la novela desde sus propias tripas, y
su tránsito particular de una novela más juvenil cuyo ejemplo claro es
El Invierno en Lisboa
y esta otra en la que ya ha descubierto lo literario que es lo real,
“lo estrictamente real”, recalca. “Porque la novela se hace -insiste-
con todo lo que se sabe y todo lo que no se sabe, y me resulta
fascinante la reflexión sobre el peso de lo concreto, en este caso el
detalle de qué libros leía Ray, qué llevaba en la maleta cuando huyó...”
En España todavía no se tiene asumido que no hay democracia sin el respeto a la minoría, a la soledad"
Todo eso lo encontró en internet, sin el cual el libro habría sido imposible.
Más
que eso: la novela procede de la abundancia y facilidad de las fuentes
originales que tenemos en internet, especialmente a raíz de l apertura
de los archivos del FBI. “Entrar de pronto en una página de
internet y ver que allí estaba todo me produjo auténtico temblor. Ver
los originales escaneados del informe forense, escuchar las voces... Por
ejemplo, dí con un reportaje en la que una periodista portuguesa
contaba que había hablado en 2006 con la prostituta con la que estuvo
Ray en Lisboa, una mujer ciega que vivía rodeada de tortugas, de
pájaros, de perros y gatos, en una barriada pobre de Lisboa. Eso, por
ejemplo, ¿quién se lo inventa? Ahí está lo concreto, tan fundamental en
una novela. Sí, porque la imaginación es muy limitada.
-Por eso dice su narrador que la imaginación narrativa no se alimenta de lo inventado sino de lo sucedido.
- Sí, siempre ocurre esto.
- Pero no tanto como ahora, ¿no? Hoy la ficción y la no ficción se
confunden, se mezclan, se diluyen en el mismo proceso creativo...
- Sí, siempre ha sucedido, desde el
Quijote. La novela siempre
ha jugado con hacerse pasar por realidad, o con confundir al lector
acerca de la naturaleza de lo que se está contando. No olvides que
Robinson Crusoe se presentó originalmente como un testimonio real, no como una novela. Y lo mismo, mucho antes, el
Lazarillo.
A eso hay que añadir la importancia del gran periodismo narrativo en el
siglo XX, que es literatura y ha tenido un gran influjo sobre ella:
Chaves Nogales y
Pla en España, los grandes americanos, no solo
Truman Capote, sino en el
Hiroshima de John Hersey, que es mejor literatura y mejor periodismo. O piensa en lo que hace en Francia
Emmanuel Carrère, o lo que hizo
Patrick Modiano en
Dora Bruder.
Creo que hay un flujo continuo entre la ficción y la no ficción, aunque
también creo que deben marcarse muy claramente los límites. No ficción
implica rigurosamente no inventar. Desde el momento en que inventas, por
poco que sea, el resultado final es ficción.
Los canallas y los decentes
“De nuestro siglo XX no nos parecerán lo más grave las fechorías de los
malvados, sino el escandaloso silencio de los justos” (Martin Luther
King).
-¿Comparte esta afirmación?
-Esa frase, que es el resultado de una amarga experiencia personal, por desgracia puede aplicarse en muchas circunstancias.
Porque
están los canallas, pero están también las personas decentes que miran a
otro lado, o prefieren callar, o no señalarse, y con esa pasividad
agravan el desastre.
-¿Está usted también apesadumbrado por todo lo que está pasando?
-Sí, pero yo no quiero dejarme llevar por el nihilismo, ni por esa especie de impulso apocalíptico que se está dando ahora.
Creo
que hay que actuar con racionalidad, con pensamiento crítico, ser
pragmático, y creo que no debemos caer en la exasperación. Comprendo
perfectamente que haya gente que, con razón, caiga en ella, pero veo
mucha hipocresía en los más catastrofistas, cuando muchas veces son
ellos los más privilegiados.
También hay gente valerosa, piensa después en voz alta Muñoz Molina. Fíjate en
Javier Cercas.
“La dignidad con que un novelista de la posición de Cercas hace
explícitas sus ideas y opiniones me parece admirable. Yo creo que en
España todavía no se tiene asumido que no hay democracia sin el respeto a
la minoría, y no solo a la minoría, también a la rareza, a la
singularidad, a la soledad.
El problema es que en España la gente no dice lo que piensa.
-¿Y por qué cree que es?
-Supongo que por esa hipocresía. En España decir lo que se piensa se
confunde con hablar con grosería. Sale uno insultando y gritando por tv y
se dice este tío es auténtico, este dice la verdad'. Creo que en este
aspecto otras sociedades son más avanzadas que nosotros. Vivimos en una
sociedad democrática y no pasa nada por decir lo que se piensa.
Entrar en los archivos del FBI en internet me produjo temblor. Ver los originales, escuchar las voces..."
Herramientas defectuosas
-Quizá la gente no quiere líos. Y decir lo que se piensa a veces ocasiona problemas.
-Las personas de mi generación que todavía conocimos el franquismo, nos acordamos bien de cuando no había libertad de expresión.
Y a una cosa que yo no voy a renunciar nunca es a esa libertad de expresión, porque conozco la diferencia. Y ahora parece que mucha gente la desconoce. Pero, ojo, que la libertad si no se usa, se pierde.
- ¿Por qué nos resulta tan difícil entablar debates serios y sosegados sobre asuntos políticos?
- El problema es que nuestras herramientas para conocer la realidad y
tomar decisiones racionales y eficaces sobre ella son muy defectuosas.
¿Dónde están los datos precisos que nos permitirían entender y juzgar lo
que nos sucede? ¿Y dónde hay ámbitos de debate verdadero, que sea útil,
del que se puedan derivar decisiones? Todo es palabrería. Muchas frases
y muy pocos números. Muy poco sentido práctico.
Ninguno de los
problemas que tenemos puede resolverse sin grandes acuerdos democráticos
sobre cuestiones básicas, entre las fuerzas políticas, entre ellas la
reforma radical de su propio funcionamiento. Me gustaría que
fuera posible aplicar a la vida política una parte del sentido común que
casi todo el mundo aplica a su vida personal.
-He leído que le gustan los excéntricos. ¿Qué resulta hoy más
excéntrico, apoyar las tesis de Podemos o cuestionar sus planteamientos?
-Hay una cosa terrible en España, y es que de golpe se vuelve difícil y hasta peligroso no acatar las unanimidades obligatorias.
Le pregunto a Muñoz Molina si no teme que el hombre de pensamiento que
hay en él se vaya comiendo poco a poco al novelista, y contesta rotundo
que no, porque “a mí lo que más me gusta en la vida es la novela. Ahora
bien, la novela llega o no llega. La novela es irracional.
Yo no sé si voy a escribir otra novela. Nadie lo sabe. Ni si sí, ni si no. Cuando Philip Roth dijo que no volvería a escribir otra novela, me hizo pensar. ¿Y cómo lo sabe? Porque yo nunca lo sé”.
Fuente: EL CULTURAL.ES