Caminando
por la Alhambra con el Dr. Valentín Molina, profesor titular de la Facultad de
Económicas de la Universidad de Granada, me recordaba que la economía
circular es una ciencia social que se encarga de estudiar la asignación
de recursos limitados de forma eficaz y eficiente, y que la escasez de agua
provoca externalidades negativas en el conjunto del sistema económico, como
indicaba el Comisario Europeo de Medio Ambiente, Janèz Potocnik en el III
Fórum Internacional Economía – Eficiencia de Recursos, “hay que transformar Europa en una Economía
eficiente de los recursos, aunque sólo la eficiencia no es suficiente”. Y
proseguía el Dr. Molina, indicando que si los recursos fueran “apreciados” como
nutrientes del sistema productivo – véase el agua como el nutriente biológico y
tecnológico más importante – se podrían ir cerrando ciclos útiles, como pone de
manifiesto la economía circular, a través de protocolos que aseguren la
sostenibilidad del recurso.
En una sociedad europea donde 3 de
cada 4 habitantes viven en las ciudades, el aseguramiento de los recursos
básicos agua, energía y alimentos es un
factor primordial al que se aferra la
economía circular, basada en el principio de las 4R: reutilización, reciclaje,
recuperación y recreación…y entre rumores de agua, el profesor me enseñaba el
informe del panel de expertos contra el cambio climático de la ONU (http://www.ipcc.ch) ,
que muestra que el planeta se encuentra en una encrucijada medioambiental por
el uso intensivo de los recursos. Y me puntualizaba que “el modelo actual de
economía ortodoxa y lineal: extracción, producción, comercialización, uso y
generación de residuos/desechos ha provocado que muchos de los elementos y
factores productivos estén casi finiquitados en un horizonte de 100 años”.
Además estos recursos tradicionales aparejan otras externalidades negativas en
términos de emisión de gases de efecto invernadero (GEI). “Una economía
circular sería el revulsivo para crear ciudades sostenibles e inteligentes
desde el punto de vista medioambiental”, y en ese preciso momento le recordaba
el Proyecto Masdar que Norman Foster está levantando en Abu Dhabi, la primera ciudad
del mundo con 0 emisiones de CO2, sin residuos y abastecida 100% por
energías renovables. Un modelo a imitar en nuestra sociedad occidental.
Dejando atrás la sala del Sultán y
refugiándonos a la sombra fresca, le mostraba el boletín nº 331 “Cuestión de
Europa” que edita la Robert Schuman Foundation donde Antoine
Frérot, Director General de Veolia Environment, empresa líder internacional en
gestión de recursos y recuperación energética, indicaba que la economía
circular es un pilar fundamental para Europa en la eficacia de los recursos y
como motor del crecimiento europeo, y reflexionando con el brazos cruzados, el
Dr. Molina me apostillaba que cree que es necesario cambiar el modelo y de
paradigma, si nos atenemos a los datos actuales de generación energética (http://www.iea.org/bookshop/477-WorldEnergyOutlook2014),
el abastecimiento mundial de energía puede tener serios problemas.
Asimismo le mostraba las 12
recomendaciones que Veolia realizó basadas en la experiencia sobre el terreno
de 19.000 trabajadores, y sobre el Agua, como recurso esencial, indicaba que “era necesario la aplicación concreta del
principio de recuperación sostenible de costes, propugnada por la Directiva Marco
del Agua (DMA), garantizando el mejor acceso al agua y al saneamiento, y cerrar
la brecha entre nuevas infraestructuras e inversión”, por lo que le
planteaba si podremos concienciar a los ciudadanos ante la necesidad de
depuración de las aguas. El profesor me espetó que la historia nos enseña que
el ser humano tiene gran capacidad de adaptación, así algunos estudios
demuestran que el 70 % de la población de países como Canadá, Suiza, Noruega o
Austria tiene conciencia ambiental, también motivado por unos niveles más altos
de estudios, pero aún así el 25% de las personas con nivel de escolaridad
inferior a secundaria demostró preocupación por el tema medioambiental, según
el Programa Internacional de Encuestas Sociales de la OCDE. ¿Dónde está el gran reto? En que las
administraciones hagan partícipes a los ciudadanos siendo parte activa en la
conservación del medio natural y ambiental, con políticas de concienciación que
demuestren la necesidad de la depuración de nuestras aguas residuales.
Contemplando la vista de Granada
desde el mirador Romántico en el Palacio de Verano de la ciudad nazarí, le
refresco la memoria a mi interlocutor, y pongo en mis labios las palabras de Mª
Ángeles Ferre, subdirectora general de Colaboración Público – Privada, del Mº de
Economía y Competitividad, subrayando que “era
esencial una colaboración encaminada a la innovación y al fomento de redes de
Participación Público-Privadas (PPP) en torno a la Economía circular que
provoquen la reducción de los recursos agua, suelo, energía”, y como si
fuera un senador respondió ipso facto “todos
los caminos conducen a Roma”, pues habrá que tomar los caminos que consigan
optimizar nuestros escasos recursos, y esos caminos serán bienvenidos para
aquellos que pensamos que hay otras maneras de hacer las cosas, y sobre cómo
concienciar a las generaciones venideras. Y en seguida me recomendó la película
“Interestelar”, donde reflexiona sobre el modo de vida tradicional y si
continúa dicho modelo clásico, conllevará consecuencias en las distintas
dimensiones del ser humano. Y sentenció: “las nuevas tecnologías nos
proporcionan capacidad infinita para interactuar de forma público - privada y
propiciar modelos sostenibles”.
Divisando ya a lo lejos el Patio de
Los Leones, le pido al Dr. Molina incidir
sobre el estado de la depuración de aguas residuales, y le cito el VII
Informe de la CE, que indica que hemos pasado del 77% al 91% en cuanto
al tratamiento de las cargas contaminantes de las aguas de las grandes ciudades
de la UE, u a pesar de que la inversión de la UE desde 2007 a 2013 ha sido de
14.300 millones de €, sólo 15 de las 27 capitales de la UE disponían de colecta
y tratamiento de las AA.RR, y le indico que las normas fueron establecidas hace
20 años, sentenciando que este dato indica que no avanzamos en la velocidad
adecuada, asumiendo sanciones económicas inclusive, y olvidándonos de las
externalidades negativas y que estamos “despreciando” un recurso que se podría
reutilizar de forma periódica y cíclica.
Mientras que nos dirigimos a la
salida, le pregunto al profesor Molina
desde su atalaya universitaria y dada su dilatada experiencia en España
y fuera de nuestras fronteras, si es una utopía aspirar a que la mentalidad de
nuestros gobernantes gire 360º y el manido concepto de “desarrollo sotenible”
se asiente en una economía circular. Y mirándome a los ojos me espetó que “muchos hombres y mujeres en la historia de
la Humanidad han tenido pensamientos
utópicos, va en el ADN del ser humano, y termina dándole forma a nuestra personalidad. Me considero persona
positiva, y a pesar de los desequilibrios que arroja nuestro planeta (la
concentración de CO2 mundial ha alcanzado en marzo de 2015 un nuevo récord de
400 ppm, según anunció la Agencia del Océano y la Atmósfera de Estados Unidos,
NOAA, por primera vez), y tras leer el
Informe sobre Desarrollo Humano de Naciones Unidas (que recomiendo), creo que
no se producirá el cambio urgente a corto plazo”. Existen por tanto
contradicciones a resolver, por qué no cuidamos donde vivimos, por qué actuamos
de manera fagocitadora con los recursos que disponemos y que sabemos que son
escasos, como el agua. Y aunque los gobernantes tienen su responsabilidad, los
ciudadanos en su conjunto deberían de pensar globalmente y actuar localmente.
La sostenibilidad deberá ser el eje transversal sobre la que orbite una
incipiente economía circular. Así terminamos
nuestro paseo granadino, con un sabor
amargo en los labios pero con la esperanza férrea en que es posible un nuevo
futuro.
(Este artículo fue publicado en la Revista iAGUA MAGAZINE nº 7, junio 2015, revista especializada en el sector del agua, con tirada nacional).